Raices

El mejor lugar para que una criatura crezca será en su casa con su familia. Un espacio acogedor, seguro, con belleza, auténtico, con la personalidad de aquella familia.
Un espacio de vida y para la vida.

EL ADULTO ACOMPAÑANTE

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Cuando pensamos en acompañar el juego del niño pensamos en un adulto que está disponible, presente en cuerpo y esencia. En casa, ¿qué hacemos cuando los niños están jugando? Si juegan solos, como nos hacemos presentes? Si nos reclaman, como nos situamos para no intervenir demasiado?
Nuestro trabajo es acercar recursos y potenciar a los padres y madres un acompañamiento óptimo para vivir y disfrutar del juego de los hijos en casa. Si vas en busca de inspiración o ayuda… nosotras estamos siempre disponibles para resolver dudas sobre cómo acompañar el juego de vuestros pequeños.
Un niño, y más si es tu hijo / a, lo que más necesita es ser mirado. Saber que conocéis qué hace y qué descubre. Pero el niño también mira. Mira a su padre y su madre, quienes son su gran espejo de aprendizaje. Los niños de 0 a 6 años son altamente sensibles, grandes observadores y absorben constantemente lo que perciben de su alrededor. De este modo, os conocerá de arriba a abajo, e irá creando su carácter según lo perciba de vosotros. Dará valor a lo que vosotros le dais, tratará con respeto lo que vea que vosotros respetáis y tendrá sensibilidad por la belleza si vosotros tenéis. Tu presencia la encontrará cuando esté observando y compartiendo un rato de juego o, simplemente te haya hecho una pregunta acertada que le encamine en la respuesta que busca hace rato. Quizás otro día hará un gran descubrimiento disfrutando de la libertad que le deis, pero también puede aprender después de haber hablado de los límites que debe seguir en un rincón de juego. Pero también sabrá que estáis cuando encuentre un pequeño ambiente de juego preparado o un cesto lleno de material interesante por descubrir. En esto es donde encontrará vuestra esencia. Solo hay que vivir con tanta pasión y alegría como ellos lo hacen.
Desde Pi os animamos a que hagáis aquello que tenga sentido para vuestro hijo/a y también para vosotros como padres y madres. Acompañar, disfrutar y guiar a vuestros hijos en el juego desde vuestro papel de familia.

LA INFANCIA Y EL JUEGO

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Pero, ¿por qué el juego es tan placentero? Pues porque sale de sí mismo, de su libertad. Nunca debemos enseñar a un niño a jugar, sólo hay que dar libertad. En cada etapa el niño encontrará el juego que más le interese. Puede ser que durante semanas esté jugando al mismo o, tal vez, durante unos días no encuentre nada que hacer que le motive … ¿quién sabe? Lo más importante será observarlos e interpretar para entender la criatura y dar las respuestas que necesite.
La primera infancia es la etapa donde el niño hace los aprendizajes más importantes de su vida. Son los años en los que vive un crecimiento muy significativo en todos los niveles. En pocos años pasa de los brazos de su madre o padre a trepar solo, correr, hacer grandes creaciones o editar algunas letras. Las criaturas de estas edades están conectadas a la vida y quieren entender y conquistar el mundo jugando porque, como es bien sabido, el juego es la tarea de la infancia y su base de aprendizaje y conocimiento.
El juego es un bien universal en la infancia, pasa en todas partes del mundo y es libre de darse en cualquier pequeño momento y en cualquier persona. El niño juega siempre que puede. El juego es placer porque sale de la voluntad del que juega, va de dentro hacia fuera. El niño es activo y protagonista de su juego. Juega solo o busca compartirlo y no hay que decirle que lo haga porque en su esencia el niño es juego. Pero, ¿qué pensamos cuando hablamos de jugar? Seguramente lo primero que nos viene a la mente es diversión. Pero también podemos decir que jugar es exploración, dominio, investigación, movimiento, emoción, encontrar dificultades y acertar la respuesta, expansión, contención, relajación y un largo etc. ¡Qué satisfacción jugar!

El ambiente de juego en casa

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El mejor lugar para que crezca una criatura será con su familia y en su casa. Un espacio acogedor, seguro, con belleza, auténtico, con la personalidad de aquella familia. Un espacio de vida y para la vida.

Al inicio de la vida el mundo del bebé es su madre. Hasta pasado un tiempo no hay conciencia de que la madre es una persona aparte. Entonces comienza el descubrimiento de uno mismo, quizás primero ve pasar una mano y resulta que es suya, que la puede dominar. Más adelante esta mano servirá para coger objetos, e incluso  acercarlos a la boca. Y así, poco a poco, el bebé se va descubriendo y conviviendo con su familia. Desde el primer día que llega a casa un niño, todo el ambiente lo recibe. Los olores, los colores y los ruidos. Todo forma parte del lugar donde vive y habita con su familia. Cuando el niño empieza a desplazarse es cuando puede pasar a la acción después de un tiempo más observador. Por fin tiene suficiente libertad para coger aquel reloj con agujas que se mueven dentro y que hace tiempo que observaba de lejos. ¡Es su gran momento! Abrir cajones, coger revistas y trapos, subir al sofá … Eso sí, los más pequeños harán todo esto donde estén sus padres, sea cocina o jardín. ¡Ahora no habrá quién lo detenga! Será tan importante tener una habitación destinada a los juegos como un pequeño rincón en la cocina. Eso sí, sólo podrá habitar plenamente en casa si goza de libertad para moverse. La libertad conlleva que conozcamos y confiemos en el niño. Como también hay que dejar claros los límites. Una criatura debe saber qué puede y qué no puede hacer en casa, pero allí donde este debe poder hacer cosas en coherencia con su edad.